¿Qué nos pasaría si estuviesemos 11 días sin dormir?

Si bien no es lo más habitual, todos alguna vez en nuestra vida hemos pasado más de 24 horas sin dormir pero ¿Qué pasaría si no durmiésemos durante 11 días?¿Es posible?¿Qué efectos tendría en nuestro cuerpo?¿Cómo quedaría nuestro cerebro?

Hace unos días publiqué mi segundo ebook en el que hablo del sueño y sobre cómo mejorar nuestro descanso. Para ilustrar las consecuencias extremas que puede tener no descansar cuento la historia de Randy Gardner, el joven que pasó 264 horas (11 días) sin dormir. En este artículo cuento la progresión de los efectos negativos a medida que pasaban las horas.

 

1 día sin dormir

Recuerdo las (pocas) veces que he pasado más de un día sin dormir, especialmente esa sensación de cansancio e irrealidad, como si viviese en una especie de sueño. Son varios los estudios que confirman los efectos negativos por no dormir durante 24 horas.

A través de pruebas neuropsicológicas y test para medir capacidades intelectuales, Dai-Jin Kim y Heung-Pyo Lee investigadores de los departamentos de psiquiatría y psicología de la Universidad Católica de Corea, evaluaron los efectos cognitivos que tiene la privación de sueño en 18 jóvenes sanos.

Los principales problemas se verificaban en el hemisferio anterior derecho y áreas subcorticales del cerebro, lo que significaba problemas de movimiento y  ritmo, dificultades de comprensión y expresión verbal, así como problemas de memoria.

De hecho, 24 horas sin dormir tienen los mismos efectos negativos que estar legalmente borracho, y por eso es una de las principales causas de accidentes de tráfico.

 

La historia de Randy

Si no dormir durante un día es algo raro, no hacerlo durante 48 horas lo es todavía más. Aquí es donde comienza la historia de Randy Gardner. Randy era un jóven de 17 años, que en 1965 tenía que presentar un proyecto para la Feria de Ciencias del colegio. Junto con sus compañeros Bruce McAllister y Joe Marciano, decidió que el experimento sería ver los efectos de estar sin dormir todo el tiempo que le fuera posible.

En los años 60 había muy pocos estudios al respecto sin embargo, en 1959 Peter Tripp, un locutor de radio de Nueva York pasó 8 días en vela, aunque ayudado por el café, la música…y las anfetaminas que les recetaban los médicos.

Randy estaba decidido a superarlo, y además lo haría sin la ayuda de ningún estimulante. Veamos cómo fue su evolución.

 

2 días sin dormir

Randy Gardner

BBC.com

Los primeros problemas comenzaron a partir de las 48 horas. Randy tuvo un fuerte aumento de la tensión arterial, cosa que era esperable, pero comenzaron a dolerle los ojos, tanto que tuvo que dejar de ver televisión.

Pero el efecto más interesante de este día fue la Astereognosis, o la pérdida de la capacidad para distinguir los objetos a través del tacto.

 

3 días sin dormir

Los efectos de las primera horas se agravaron, tenía más dificultades para coordinar los movimientos y para hablar. La memoria comenzaba a fallarle y tenía dolores de cabeza a los que se le sumaron las náuseas. Pero el principal obstáculo fue mal humor, que iba empeorando conforme pasaban los días. El problema era que al no poder utilizar estimulantes, sus compañeros lo entretenían con juegos, paseos, baños o con simple conversación para que no se durmiera. Al volverse menos cooperativo todo el experimento se ponía en riesgo.

 

Llegando al límite

Los pocos experimentos de privación de sueño sin estimulantes que se habían realizado previamente ponían como límite máximo los 4 días o 102 horas. En 1894 la médica rusa Maria Manaseina había experimentado con 4 cachorritos que habían muerto al quinto día. Manaseina abandonó esa línea de investigación ya que le resultó demasiado doloroso ese estudio. Años más tarde se llevó a cabo un experimento similar, esta vez con humanos, en la Universidad de Iowa. La investigación se dio por concluida cuando después de 90 horas sin dormir el sujeto comenzó a alucinar.

¿Qué sucederá entonces con nuestro querido Randy?

 

5 días sin dormir

Como era de esperar comenzaron las alucinaciones. En este caso Randy había salido a dar un paseo y comenzó a confundir las señales de tráfico con personas reales. Pero lo peor fue que durante horas creyó que él era Paul Lowe, un famoso jugador de fútbol americano de la época.

La quinta noche, de hecho, se caracterizó por estas Alucinaciones Hipnagógicas. En realidad son pseudoalucinaciones que pueden ser auditivas, visuales o táctiles que se producen cuando estamos pasando de la vigilia al sueño. Este tipo de alucinaciones son bastante habituales en la infancia y la adolescencia aunque luego tienden a disminuir.

 

8 días sin dormir

A medida que pasaba el tiempo los síntomas iban empeorando. Los lapsus de memoria y la incapacidad para concentrarse eran ya habituales y cada vez más amplios. A los movimientos, que cada vez eran más desarticulados, se les sumaban los dolores articulares y de cabeza. Su capacidad de habla se veía cada vez más deteriorada, y cuando lo hacía era para expresar su mal humor y su negativa a cooperar.

 

9 días sin dormir

Los efectos eran cada vez más graves. La visión de Randy se había vuelto permanentemente borrosa. Su pensamiento estaba cada vez más fragmentado y no conseguía terminar las frases.

Por suerte, su reto llamó la atención de los neurocientíficos de la época, especialmente porque poca bibliografía existente al respecto. Uno de los especialistas de sueño más importantes de Estados Unidos, el doctor William Dement de la Universidad de Stanford,  y su equipo se presentaron en su casa y fueron los encargados de monitorear sus signos vitales y realizar los informes necesarios para documentar el caso.

Fue un alivio para Randy, pero especialmente para sus amigos, que ya no sabían qué hacer para mantenerlo despierto. En una entrevista para la radio, Randy explicó que la llegada de los doctores fue de gran ayuda porque suponía gente nueva y nuevas actividades para distraerlo.

 

11 días sin dormir

A medida que se acercaban los últimos días, Randy parecía más animado y alerta gracias a la atención que estaba recibiendo de los medios de comunicación en todo el mundo. El cansancio acumulado y su fuerte deterioro cognitivo permitieron que pasara los últimos días sin demasiado sobresaltos.

Sin embargo sus alucinaciones seguían, afirmaba estar escuchando la radio cuando no había ningún sonido en la habitación.

 

Un récord histórico

El 8 de enero de 1964 y luego de 264 horas sin dormir finalmente Randy se tomó su merecido descanso.  Había batido el récord y además había pasado a la historia por haber contribuido en uno de los estudios más interesantes sobre la privación de sueño.

Durmió durante 15 horas y despertó sin la ayuda de nadie. Rápidamente lo trasladaron al Hospital Naval de San Diego para verificar su estado de salud.

Si bien al principio todavía presentaba algunas secuelas cognitivas y conductuales, con el paso del tiempo se comprobó que no le habían quedado secuelas ni físicas ni psicológicas.

 

El récord

Randy Gardner sigue manteniendo el récord de la mayor cantidad de horas sin dormir. En estos años muchas personas declaran haberlo superado,  como el inglés Tom Wright o el finlandés Toimi Soni. Sin embargo, por un lado no disponen de las pruebas suficientes que lo demuestran, por el otro el Libro Guinness de los Récords dejó de reconocer los intentos de ser la personas con más horas sin dormir debido a los riesgos que puede suponer para el individuo.

 

Los límites que conocemos

Evidentemente realizar este tipo de experimentos en humanos hoy en día provoca varios problemas éticos. El ejemplo de Randy es uno de los últimos documentados, por lo tanto desconocemos si es posible pasar más tiempo sin dormir o qué sucedería en ese caso.

A nivel histórico sabemos que la privación de sueño ha sido utilizada a lo largo de la historia como método de tortura, incluso en China se utilizó como método de ejecución.

Experimentos realizado con ratas de laboratorio han demostrado que tras tres o cuatro semanas de privación de sueño llega la muerte.

 

La muerte por no dormir

En humanos, lo más parecido que podemos encontrar al respecto es una enfermedad hereditaria sumamente rara llamada Insomnio Familiar Fatal. Se trata de una enfermedad genética que aparece de un día para el otro a partir de los 50 años.

La consecuencia principal es que la persona que lo padece no puede conciliar el sueño, no importa lo que haga o cuan cansado se encuentre, no logra dormir. Lo único a lo que puede aspirar es a una especie de letargo que tampoco le permite el descanso.

Después de ocho meses, este insomnio extremo lleva a la persona a un coma profundo seguido por la defunción.

Es uno de los artículos más largos que escribí y me gustaría incluir todavía más información pero la verdad es que empiezo a tener sueño.

 


Fuentes:

 

  • Dai-Jin Kim, Heung-Pyo Lee, Myung Sun Kim, Yu-Jin Park, Hyo-Jin Go, Kwang-Soo Kim, Sung-Phil Lee, Jeong-Ho Chae & Chung Tai Lee (2001) The Effect of Total Sleep Deprivation on Cognitive Functions in Normal Adult Male Subjects, International Journal of Neuroscience, 109:1-2, 127-137, DOI: 10.3109/00207450108986529
  • Best,B. The Nature of Sleep and its Impact on Health. Recuperado el 30 de Abril 2019 de link
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  • Parra, S. Randy Gardner: el hombre que permaneció más tiempo sin dormir. Xataka. Recuperado el 30 de Abril 2019 de link
  • Jiménez, J. Lo que sucede en tu vida cuando dejas de dormir por completo. Xataka. Recuperado el 30 de Abril 2019 de link
  • Otal, A. Los delirios y paranoias del estudiante que se pasó 11 días seguidos sin dormir. Playground. Recuperado el 30 de Abril 2019 de link

Acerca de Santiago Salvatori

¡Hola! Me llamo Santiago y soy psicólogo. A los 8 años conocí esta materia y desde entonces es la pasión que me acompaña junto con las nuevas tecnologías, internet y el fútbol. Cansado de escuchar que la Psicología es "solo para los locos" me dedico a explicar que en realidad la Psicología es para todos.
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